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miércoles, 18 de diciembre de 2013

ARTESANOS Y ARTESANÍAS, A PESAR DEL VENDAVAL

Desde hace más de una década, en este pueblo se celebra una Feria que pretende involucrar a los artesanos y autónomos de la comarca, en una exposición con vistas a la venta, promoción y difusión de sus trabajos. En años anteriores, al buen viento de una prosperidad que no parecía tener fin, la Feria se adornaba con toda suerte de eventos paralelos, entre los que destacaba sobremanera el celebrado “Canta que te canta”, un festival de grupos folklóricos, a los que se añadía siempre una panda de verdiales. Se hacían demostraciones de cocina, degustaciones, exposiciones, presentaciones y charlas, no faltaba el flamenco y, desde luego, una cohorte de políticos que acudían con su séquito de pajes, aduladores y huestes agradecidas y en nómina, que pronunciaban sus gastadas palabras de apoyo a la iniciativa, al desarrollo endógeno, a los sacrificados autónomos y cooperativistas, concitaban el aplauso y, llenos de voluntarismo sensible y buen rollito, comían y bebían, y marchaban luego en sus oscuros cochazos oficiales en busca de otra feria, chacinas siempre y comistrajos variados de setas, conejos, hierbas y sopas singulares, con palabras y parabienes similares, volvían a comer y beber, y así hasta finalizar el puente de la Constitución, o de la Inmaculada, según otrosy tradiciones y creencias.
La inmisericorde crisis hizo mella en estas actividades, y especialmente en muchos de los autónomos y empresas cooperativas, que vieron como se derrumbaban con estrépito todas las expectativas, todas las ilusiones, todo el futuro. La sombra del desempleo y la ruina se cernía sobre las sierras y los valles, los dineros escaseaban, las inversiones y sinecuras, largamente celebradas durante los años del despilfarro y la imprevisión, se cortaban de golpe, dejando a la población mirando absorta y desesperada hacia un horizonte donde sólo se apreciaban negros nubarrones. Larga, horrible e injusta crisis, que se cebó, como siempre, en las capas más débiles, y especialmente aquí en aquellos que habían puesto todo su empeño en crear desde la nada, en saltar por encima de la tiranía que impone la montaña, con su difícil vida, con su tierra ingrata y áspera a pesar de su belleza, para conseguir una estructura productiva que, desde dentro, pudiera dar cabida a las potencialidades que esa montaña ofrece. Vaciáronse así mesones y bares, cerraron las casas rurales, ahora con telarañas entre los cortinajes de rafia y las vigas a la vista, languidecían mustios los hoteles, se interrumpían los pedidos, las obras, las restauraciones…Sólo los ayuntamientos, haciendo encajes de bolillos sin hilo ni tela ni rueca ni agujas, ofrecían de vez en vez un trabajo si quiera para poder subsistir ante el vendaval que asolaba las tierras de España y aun las de media Europa.
Con ese panorama, se celebra, a pesar de tanta escasez, desánimo, miedo e incertidumbre, la Feria de los artesanos de Benalauría. Han cambiado los contenidos: una carpa con unos cuantos puestos de héroes anónimos, de gentes que se niegan a abandonar la nave a pesar del oleaje, que se empeñan en proseguir, contra levantes, nortes o ponientes, el rumbo que se fijaron, enhiestos en el timón de su nave, fijos los cordajes, remendadas mil veces las velas, porque navegan, aún navegan, no se sabe hacia donde, pero llevados siempre hacia adelante, sin mirar atrás, frente a frente a un océano que los puede llevar o al abismo o al paraíso, como ha tiempo ocurrieraa Colón y a sus intrépidos marinos.
Ya no hay canciones, ni pandas, ni tanta demostración, degustación, charla o concierto. No hay comidas y, por tanto, apenas políticos con su cohorte, séquito y fanfarria, que se refugian hoy en otros acontecimientos menos golpeados y sufridos, donde, en palabras de algún visitante, se sigue comiendo a dos carrillos, abundancia eso sí, pero sin apenas un ápice de concesión al buen gusto, a la cultura, y a la digna pobreza que imponen los tiempos. Porque ahorael Ayuntamiento, con su alcalde y su corporación, está solo, infinitamente solo, con la caja vacía y el futuro incierto y oscuro. Y, sin embargo, la Feria prosigue. Con menos medios tal vez, pero con más imaginación, cálculo, empeño y tesón que nunca. Baste un ejemplo: un acto cultural y gastronómico que duró dos horas casi, con lleno absoluto y participación abundante, por menos de cincuenta euros, con una parca y humilde degustación de morcilla de chivo al final para los asistentes, gracias a la hospitalidad de un bar y de sus dueños. Es la austeridad, la templanza, el ingenio, la sobriedad hechas festejo, para ejemplo de tiempos futuros en que, si Dios quiere y querrá seguro, habremos salido de este abismo.
Pude ver a las gentes acudir, no sé si en mayor medida que otros años, comprar y visitar el pueblo, llenado el bar de la carpa, y también los establecimientos del pueblo. Pude ver a los artesanos dar lo mejor de sí mismos, aguantando estoicamente en sus puestos por vender un chorizo hecho con el amoroso mimo de unas manos, un pan nobilísimo conformado a partir del calor de las podas delmonte, una mermelada quintaesencia de la dulzura del huerto, castañas bañadas en el oro glaseado o en añoso brandy, aceitunas partidas impregnadas de todos los aromas posibles de las hierbas silvestres, quesos de cabra de sabor picante en su baño de aceite, o frescos como el alba, o cremososcomo un fruto,huevos de la hermana gallina, de vientre limpio y generoso, aceites criados en islas de mínima tierra rodeadas de bosques, y recios tintos rondeños que saben a bandoleros, madroños y encinas. Pude ver agentes que curten pieles, que tallan a navaja, vendedores de pequeñas ilusiones que se gestaron con hábiles dedos, cesteros que vienen de la noche del hombre, finos alarifes que hacen casas como las que vieron sus abuelos, carpinteros que esculpen como imagineros puertas, ventanas, barandas y muebles…Y pude contemplar, por fin, a un hombre rústico y sencillo, mostrando con sabias y viejas palabras del campo el funcionamiento de unos molinos en miniatura, maquetas de un tiempo pasado que nunca debió morir: almirecilla, solera, alfargue, cargo, solera, saetín, cruz, viga de la puente, maquila, atroje, tolva, fanega, alpechín, cubo, azuda,soscaz…¿quién pronunciaría palabras más bellas?,en un empeño de restaurar desde la dignidad aquel mundo campesino que complementaba las arboledas del Genal con los campos y dehesas del Guadiaro, siempre con los dos ríos, omnipresentes y guardianes de hombres, criaturas, árboles y rocas.
Aquella fría noche del siete de diciembre, la luz sagrada de fuego amoroso de los hogares del pueblo se hizo patente al exterior en cientos de farolillos que, con vocación de ángeles en fulgores, atravesaban la opaca oscuridad de las tinieblas, subiendo y subiendo sin cesar, hasta agotar su combustible de amor en un mensaje certero y rotundo, en un apacible grito luminoso y etéreo, que se vio y oyó desde todas las colinas y serrijones, desde todas las vaguadas, laderas y collados: estamos vivos, aún existimos, aquí, al sur del confín de Europa, y nos decidimos a seguir en nuestro esfuerzo titánico de cada día, presta y al frente la mirada, henchidas las viejas velas, fijas las cuerdas, recto el timón, y dentro de un tiempo, cuando cesen los vientos contrarios, miraremos a nuestro alrededor y diremos, no ha sido nada, sólo una tormenta, y ahora el mar apacible nos llevará por caminos y singladuras que habrán de navegar nuestros hijos, esos que tendrán la misión de seguir habitando dignamente esta bravía y hermosa sierra, espolón de Occidente entre mares, madre de vientos y brumas, que nos acoge y acogerá siempre, a pesar de tanta pobreza, a pesar de tanta dificultad, a pesar de tanto abandono.



De vuestro cronista
Benalauría, 9 de diciembre de 2013.

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