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lunes, 2 de enero de 2017

CARTA A LOS REYES MAGOS

CARTA A LOS REYES MAGOS

Queridos Reyes:

  Hace décadas que nos os escribo. Desde la distancia brumosa que me separa de la niñez, apenas puedo recordar la última vez que cogí pluma y papel para pediros ese juguete deseado, un libro de cuentos, y quizá aquel jersey, camisa o zapatillas de deporte. Ahora, ante esa otra bruma que va creciendo en el ánimo de los que vamos en busca de la vejez, quisiera, aunque fuese por una sola vez, acudir de nuevo ante vosotros, no ya con la tinta honorable de la vieja escritura, sino con este milagro que se anuncia con el  sugerente, y global, nombre de redes sociales.

  Y como ya no me ilusionan juguetes, libros tengo los que no puedo leer y estoy sobrado de ropa, mis peticiones caminan en otra dirección, por si fuese posible alcanzarlas, aunque no las llevéis en las grandes alforjas virtuales que soporta vuestra inmensa y generosa caravana, en esa noche hermosa de mágica luna y trémulas estrellas que mece en duermevela a los millones de niños de nuestro país:
  Os pido por el fin definitivo de la guerra que asola el Medio Oriente; que deis cobijo a los millares de refugiados que lo han perdido todo, a los niños que gritan espantados ante el fragor de los bombardeos asesinos, a los ancianos desvalidos, a las madres que lloran la pérdida de su familia, su casa y sus bienes.

  Os ruego que pongáis algo de razón en los jóvenes llenos de odio que atentan contra sus semejantes, que consigáis el fin de tanta crueldad indiscriminada, de tanto terror gratuito en nombre, oh terrible paradoja, de la religión.

  Que consigáis trabajo y pan para los que no tienen ni Navidad, ni Año Nuevo, ni Reyes, pues en lo único que pueden pensar es cómo dar de comer a su familia el próximo día, cómo pagar la luz y cómo abrigarse del frío.

  Que ofrezcáis albergue y calor a los pobres de la tierra, a los marginados de las ciudades, a los inocentes expulsados de este nuestro pretendido e injusto progreso.   Y también que donéis a los inmigrantes que vienen huyendo del hambre y la desesperación un futuro acorde con la dignidad que poseen como seres humanos.

  Que aliviéis los padecimientos de los que padecen dolor, sea físico, sea espiritual, o a los que han perdido un ser querido, con la esperanza de alcanzar paliativo a tan gran sufrimiento, a tan profunda nostalgia. Y, muy en especial, alivio a los niños enfermos, en cuyos ojos grandes y hermosos uno se mira en el espejo de una mirada asustada que interroga al mundo con esa pregunta sin respuesta, -“¿por qué?, ¿por qué a mí?”

  Que pongáis cordura y sentido de estado a los que nos gobiernan, alejando de ellos tanto la corrupción, como aquellos intentos de construir sobre la división, el egoísmo y el rencor. Poned en sus mentes la necesidad urgente de velar por la Madre Tierra y sus criaturas, por limpiar los ríos y mares,  por conservar los bosques,  por purificar el aire.

  No os pido bienes, no azares de sorteos y loterías, no mejores casas, ropas o vehículos. Lo que os solicito, asunto que firmarían los casi quinientos habitantes de este pueblecito perdido en la áspera y hermosa Serranía, no es para los que tenemos de casi todo, sino para los que carecen de todo.  Y aunque no ignoro que os he pedido demasiado para vuestros medios, al menos tocad en la puerta que sea menester, rogad donde se os oiga, insistid ante Quien os guía, que al cabo fue el objeto de ese vuestro largo e interminable viaje, que comenzara hace ya más de dos mil años.


José Antonio Castillo Rodríguez. Cronista de Benalauría. Enero, 2017.