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lunes, 18 de mayo de 2015

LA GRAN FIESTA DE LA DEMOCRACIA

LA GRAN FIESTA DE LA DEMOCRACIA

Democracia: en griego, gobierno del pueblo. Cinco siglos antes de Cristo, en la  ciudad-estado de Atenas, Clístenes y Pericles fueron artífices,sucesivamente, de una gran revolución que habría de dignificar, aún más si cabe, todo lo que el genio griego había aportado a la humanidad. Si la Filosofía, las bellas artes, las letras y las ciencias habían recibido desde Grecia el mayor impulso de toda la Historia, he aquí que, a partir del acendrado humanismo con que la cultura griega se impregnaba, el género humano alcanzaba las más altas cotas de dignidad y grandeza, desde el momento en que, en pública asamblea, podía votar y decidir en gran medida sobre el destino de su patria. Roma, la primitiva Roma republicana, consigue alargar en el tiempo todos estos logros, gobernándose a partir de un Senado, y con el poder dual de los cónsules, elegidos cada año, como poder ejecutivo. Claro está que en estos sistemas de la Antigüedad nuestra actual democracia no encontraría parangón, ya que las garantías de hoy nada tienen que ver con los despóticos poderes de aquellos días, pero piénsese que, en los tiempos de las tiranías asiáticas, de la barbarie del centro y norte de Europa, del atraso secular de África y del desconocimiento de América, donde los indígenas nunca crearon formas similares de gobierno, el intento de griegos y romanos de dignificar el poder y la administración de sus gentes constituye un logro impresionante, que se plasmará finalmente en el desarrollo del Derecho y la eficaz gobernación de un Imperio, en el caso de Roma, que durará casi mil años, y cuyo legadoes hoy parte de todo el mundo occidental, y aún del oriental.

Tras los siglos de plomo de la Edad Media, y de la lenta resurrección de aquella vieja herencia clásica durante el Renacimiento y las centurias sucesivas, es a partir del siglo XVIII cuando resurge la idea de que los hombres han de ser considerados libres e iguales ante la ley, con derechos individuales inalienables, y con capacidad para, mediante su voto, decidir sobre su propio destino. Estas ideas, propiciadas por los llamados filósofos ilustrados (Locke, Montesquieu, Voltaire, D’Allembert, B. Franklin, Rousseau…), se abrirán paso a partir de la Revolución Norteamericana, que trajo consigo la independencia de las Trece Colonias británicas, y un nuevo estado con una forma de gobierno que no contemplaba el poder monárquico, sino un sistema bicameral, un presidente elegido cada cuatro años, y un Tribunal de Justicia independiente; se consagraba así el viejo anhelo de los ilustrados, de que el poder fuese fragmentado en tres ámbitos independientes: el Legislativo, relativo a las cámaras de los representantes del pueblo, el Ejecutivo, es decir el gobierno efectivo de la nación, que emana de aquellas votaciones, y el Judicial, en manos de los jueces y de un Tribunal Supremo. La Revolución Francesa de 1789 trasladará a Europa estos logros, y tras no pocas resistencias por parte de los monarcas absolutos y de las clases más privilegiadas, revoluciones sucesivas consagrarán definitivamente el sistema democrático en Europa, Norteamérica, incluso en algunos países de Hispanoamérica y Asia.
Esta democracia de corte occidental y con raíz hondamente burguesa evolucionará hacia formas más populares, hasta alcanzar las cotas de libertad y garantías de lasque hoy disfrutamos. Muy largo ha sido el camino. Numerosos los intentos de acabar con este sistema, y, a partir de las sucesivas crisis sociales y las cíclicas del capitalismo, poderosos intereses económicos e ideologías de corte autoritario y xenófobo se coaligan para crear el fascismo, y su secuela plasmada el horror del nazismo, y, desde el otro extremo, esa otra barbarie del comunismo totalitario. En estos regímenes, el hombre pasa a ser una mera pieza de una maquinaria que se centra en el Estado, una maquinaria que no permite el individualismo, la libertad, el pensamiento propio, y que elimina drásticamente cualquier disidencia en campos de exterminio o infames prisiones. Por fortuna, ambos movimientos casi han desaparecido de la faz de la tierra, y la democracia, aún con sus enormes limitaciones y defectos, se abre paso inexorablemente en todos los ámbitos, a pesar de las nuevas amenazas de los populismos que pretenden revivir aquellos horrores, y de los nacionalismose integrismos terroristas. Un dato puede resumir las infinitas ventajas de vivir bajo un régimen democrático: de los países más prósperos del mundo, y con mayor calidad de vida, no hay uno solo, salvo excepciones coyunturales, que no viva bajo el manto protector de la democracia.

Ahora se acercan las elecciones municipales. Algunos dicen que es la forma de participación más directa, pues se elige a una persona generalmente muy próxima a los intereses de cada cual. Y así es, efectivamente; nada hay tan directo como ejercitar el voto con vistas a elegir a esa persona que va a velar en los próximos cuatro años por la seguridad, la limpieza, la salud, la educación y la cultura, la distribución y el comercio, la ayuda urgente, la diversión y el ocio, en suma, por el bienestar de los ciudadanos. Es esta la ocasión propicia para que nuestros anhelos e intereses queden reflejados en ese equipo que habrá de tomar las riendas del pueblo o la ciudad, por eso, como cronista de Benalauría, os impelo a votar, y a que, en conciencia y con la lógica aspiración de los propios intereses y de los del bien común, escojáis aquella opción que más acerque a vuestra forma de sentir, de hacer y conseguir, respetando, a partir del día siguiente de la propia votación, el dictamen de las urnas. En eso consiste la democracia. En eso consiste nuestro bienestar. En eso consiste nuestro futuro.


De vuestro Cronista Oficial, 7 de mayo, de 2015.