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domingo, 1 de marzo de 2015

CHRONICA DEL SERRANO BURLÓN

CHRONICA DEL SERRANO BURLÓN
Érase una vez un hombre altivo y bien encarado, criado en la villa de Jubrique ,cuyos lugareños poseen un habla cantarina que algunas veces recuerda al de Canarias, y cuyo topónimo curiosamente rima con “alambique”, lo que no es ninguna casualidad, dada la afición por el aguardiente de la mayoría de sus hijos.  Desde aquel seno familiar, vino en darse cobijo nuestro hombre al pueblo de Casarabonela, blanco y rico en huertos y vergeles al pie de la Sierra de Caparaín. Allí terminara su crianza, a cargo de su afamado tío Antonio Carmona, que le enseñó a cuidar cuerpo y heredades, en lo que adquirió notorio aprovechamiento, a no ser porque un día de fiestas de guardaréste lo hallara en la puerta de la iglesia, con los zapatos rajados y el traje manchado aposta, pidiendo limosna para comprar tabaco a los hombres de bien y caritativas damas que del templo salían. De la sonora bofetada que su tío le propinara sacó Guillermo, que tal es el nombre de nuestro héroe, la clara conclusión de que nunca había que hacer bellaquerías en sitios conocidos, y sí aprovechar la condición de anonimato para perpetrar negocios que le sirvieran de provecho.
Pasó de la escuela al Instituto de Málaga, donde enseñaran entre otros el implacable catedrático Rodejas, y el no menos estricto y un tanto excesivo don Santiago Pogonowsky, de estirpe polaco-teutona, de quien Guillermo ponderaba su perfecto y afectado castellano, con aquella frase celebérrima del colofón de un fornicio en casa de mala nota “…basta, basta, la naturaleza ha obrado”. Y de allí a Magisterio, y de la Escuela Normal a ejercer de maestro en pueblos varios.
Hízose  hombre al fin, y llegara a Benalauría, donde conoció a su mujer, Ana, hija de Encarna y Mariano, con la que al poco se casó y vivió hasta los días en que esto se escribe. Le nacieron cuatro hijos, el mayor Guillermito, una especie de músico que es capaz de tocar cualquier clase de instrumento que en el mundo hubiera, pertinaz tuno hasta que el cuerpo aguante, casado con otra Encarna, boticaria de oficio, y padre de dos hijos, todos ellos avencindados en la vega granadina. Le sigue Encarnita, de nuevo el recurrente nombre familiar, moza garrida y de grande belleza, que desposara con José, profesor y madrileño castizo de Atocha, socio importantísimo del “Equipo de Dios, oyes…”, madre de Óscar y Almudena; luego Ana Belén, amante de gatos y criaturas, empresaria de cosas verdes del campo, compañera de Jaime, cortesano del Guadiaro transformado en AbúYaqub al Kurtisí por mor de una Fiesta de Moros, que él engalana con su voz y su arte inigualable, y por fin, Mariano, cocinero de alta escuela que regenta “La Molienda”, casado con Gema y padre de un hijo, Ruicillo puro, según dicen. Lástima que al padre, tan buen cocinero, hombres perversos lo encaminaran a ese equipo del nordeste, de nombre impronunciable por respeto a los oyentes, no sé qué de “Farsa”.
Pero volvamos a nuestro hombre. Si alguien requiere a persona que nunca tenga otra cosa que buen humor, búsquese bien y hallará a este ejemplar de la naturaleza, magnífico escanciador y mejor bebedor, en el buen uso de la palabra, gran degustador de tapas y manjares, tanto, que aun después de engullir cuantos yantares de mayor o menor acierto le ofreciesen en mesones, albergues y figones, no eximía a su paladar de un buen caldo de ave con limón, y una tortilla a la manera francesa que Ana siempre le dispusiera. En cuanto al vino, pues Fino si es menester, aunque prefiere de entre ellos el denominado Tío Pepe, que se dice en Ronda que ya es casi el único que lo solicita, pues al tinto se ha pasado casi todo el personal, y también él, a condición de que éste sea de buena crianza. Sólo un vino detesta, la fresca y dúctil Manzanilla, tan ligera según él, que en una ocasión dijo preferir beber agua antes que tan endeble vino.
Decíamos de su buen humor…pues recuérdense sus anecdotarios, chascarrillos, cuentos, recitaciones y demás artilugios de ingenio con los que ha deleitado y deleita a varias generaciones de parroquianos. ¿Cómo no recordar sus in números cuentos sobre gatos y gatas, a los que imita genialmente con gesto y facción? A ese respecto, atiéndase a lo que sigue:

“De lo que aconteció a una gata de angora
con un joven gato sin posibles,
al solicitarle éste sus servicios.”

SONETO

Como reina en su trono del tejado
una gata de angora, incontinente,
de suave pelambrera y sexo ardiente
ronronea en cortejo desbocado.

Acertó un gato joven y atigrado
a subir y le pide, diligente,
que es luna de verano y le es urgente
ser por ella en amores consolado.

Dijo el minino: no tengo trabajo,
escaso es mi peculio, parco, austero,
mas preciso calmar a mi badajo.

Hizo un mohín la gata, lastimero,
su pelambre agitó, y con desparpajo,
“fiau, fiau”, maulló, “fiau, sin dinero”.

Ode mujeres hartas de marido que se iban a tirar al tren, por desesperación, y terminaban tirándose al maquinista, los de San Apapurcio en el desierto, feliz recreación sicalíptica de aquellos eremitas de vida apartada, de los curas consoladores de viudas necesitadas, de los machos cabríos de los Bienes de Propios, que no montan a las cabras pues devienen en funcionarios, de los que acuden al padre a pedir no la mano sino el más preciado tesoro de su hija, del perdido en el desierto que hallara al genio de la lámpara y este le concediese como tercer deseo, en vez del instrumento insaciable con nombre de ave femenina de corral que le pidiera, una gallina que devoraba todo lo que se le ponía por delante…Cómo no recordar su intuición sobre el actual matrimonio gay, con su fino chiste de “mister John y mister Carter…”, oal desesperado peticionario que entrara en el bar de tapas rimando con vino, “de lo mismo me das a mí, y de tapa codorniz…”
Si fuera por las anécdotas…casi todas en Benalauría, con el gorrino al destete de Pepe Ricardo en referencia al afamado Mauricio y su gran y tremendacosa que llegó a superar el mostrador de Almagro, o cuando sostenían al Pirujo pisándole los pies de borracho que iba, y del tremendo costalazo de éste al soltarle la presión, o el aceite virgen que trajera Francisco el Mirlo para unas tostadas, tan virgen que si por poco fenecen allí mismo los comensales, pues no era tal sino aceite del velón de La Virgen, y menos mal que Luis, su compadre, ofreciera el ingenio de beber mucho vino para que, flotando, el aceite asesino saliese por la boca…o la famosa excursión a Jerez para ir por vino, y cómo las garrafas llegaron vacías al pueblo a causa de un cánula por la que escanciaban por riguroso turno el contenido, y las de Farruco, con los americanos a los que no cobró porque nunca volverían por allí, o cuando tras ingeniar una estratagema para que pagase un médico gorrón, el bueno de Farruco acabarapagando todo al fin, y en paz.Las de “Salvaorito”, uno de los tipos más ingeniosos que en pueblo nacieron, con los civiles acudiendo al prohibido juego de Las Chapas en La Ladera, y la contraseña que debía gritar si estos llegaban por sorpresa, “barreno, barreno…y ardiendo…”, o el día en que amarraron a su colchón a Carlos Barragán, que intentó defender heroicamente un jamón de bellota que colgaba, que el infelizreservaba para las Pascuas…En fin, en Benadalid, de donde hubo de salir a todo gas en moto al prender fuego a la traca en pleno baile…Sus veladas interminables en Algatocín, con Matías bailando como un zombi, o Talabarte y su dedo juguetón, con Palomo que, naturalmente, respondía a su llamada, “voy volandooo”, en Jubrique con Antonio Ríos, y con sus inolvidables hermanos Pepe y Antonio, o sus andanzas con Eugenio y Paco en Málaga. Gaucín, donde los parroquianos huían despavoridos al ver acercarse a los Ruíces, o en Ronda, donde tras recorrer los mesones, se iba al cine, sin importarle sala o programa, pues aquella era su siesta placentera. Sus paseos al Guadiaro, con ocasión de hacer un pozo en el cortijo, y a la Estación con su colono Domingo…Bares de Luisa y Manolo el Alcalde, éste tan feo que el propio Almagro rezumaba moral desde que conociera al susodicho, y más tarde con el Piquín y su figón, donde tras una sopa de ajo, su hermano Germán cayera redondo de espaldas con un síncope al escuchar uno de sus inefables chistes…Y en Cortes, con el gran Sevilla, que dicen las malas lenguas que cuando perdía el Madrid se encerraba a llorar sin desconsuelo, y con su amigo Cristóbal Núñez, un caballero en cuya tarjeta de visita se dibujaba una bandera de España y la leyenda: “español y de Cortes de la Frontera”, o con el no menos caballero Modesto, antifranquista hasta el tuétano, o con Diego el de Victoriano, y tantos y tantos amigos de aquella hermosa y hospitalaria población a pesar de la mala fama que le dicta la copla, paisaje y hospitalidad de los que guarda emocionado recuerdo este cronista.
Pues y los versos y las representaciones…mirad su rostro cuando recita, “Luego un can, luego nadie, nada, nada”, “el nabo no hay que dudar/ está muy bien colocado/ la que lo ha puesto es probado/ que lo sabe manejar…”, “Sacristán que vendes cera/ y no tienes colmenar/ raspavelas, raspavelas/ raspavelas del altar…” Y sus canciones, “Ana, asómate a la reja…”, “Ay va, ay va, ay Babilonio qué mareo…”, “En casa de un carbonero…”, “Maximiliano…”, y su infalible “Tres horas llevo aquí/ y he venido aquí con el aparato…”. Y por fin, después de cientos de chistes, canciones, chascarrillos y anécdotas, surgía un cohete, siendo éste colofón de tanto ingenio, siseando sobre la mano abierta, golpeando las piernas, aplaudiendo bien fuere de uno, dos y hasta tres traquidos, y explosionando pum, pum, pum, cosa que él aderezaba con el doble sentido de un satisfactorio fornicio, o bien de lágrimas, que eran un ¡¡ahhhh!! de gozosa concordia entre los asistentes.
Guillermo, que era algo afortunado en bienes, nunca soslayó junteras con cualquiera, aunque fuese de humilde condición, que tuviese ganas de un rato de charla, risa fácil y pocos deseos de discusión o disgusto, asuntos de los que siempre huía. Díganlo Pepe Ricardo o sus compadres Farruco y Luis, que eran pobres de solemnidad, y a quienes apadrinó hijos e hijas. Pero también era capaz de divertirse con los más pudientes, como Pepe Martín, a quien acompañó en múltiples desventuras y negocios, casi todos fallidos, a bordo de aquel destartalado LandRover, siempre averiado hasta que llegaba Juan Aguilar, quien, tras misteriosas manipulaciones, con un martillo en ristre golpeaba el cárter y decía, “arranca, Guillermo”, y el viejísimo coche ronroneaba milagrosamente dispuesto a seguir caminando. Correrías con Paco Viñas y su hermano Miguel, de tan grato recuerdo a todos. Y ya más en nuestros días, acertó a juntarse con unos jovenzuelos desenfadados que, guitarra en ristre, iban en peregrinación por ferias y saraos, los “Palmeros de Benalauría”. Con ellos,interminables tardes en la Venta de San Juan, con Manolo y sus dos hermosas hijas, los dos Castillos, Domingo Javier y Antonio el Civil, y Pepe Loras y el Niño de Paca. Salidascon su yerno el castizo, en busca del pescaíto y la luz salada de la mar malagueña, y también con Tomás, que ríe con él a cambio de hacerle la declaración de renta, algo truculenta como es natural, y con Francisquín, al que nunca convenció de que el pinsapar de los Reales quedaba a la derecha de la carretera, y finalmente con el añorado Juanito García, a quien profesó una honda amistad hasta su muerte.
Queridos amigos, querida familia. Aquí nos encontramos reunidos junto a este patriarca del buen humor. Brindemos por él, pero también por la alegría que siempre tuvo a bien transmitirnos. Nunca podremos agradecerle su impagable tributo a nuestra concordia y nuestra diversión, sana, amable y tantas veces  celebrada. Guillermo es irrepetible, por eso, los que hemos tenido la suerte de conocerlo le decimos: vive mucho tiempo, y sigue concediéndonos la dádiva de tu ingenio y buen humor.


    Como en la mejor tradición clásica, y abundando en sus virtudes, ofrezco este ovillejo al personaje:

¿Quién nunca triste y enfermo?
Guillermo.
¿Quién, de tapa, codorniz?
Ruíz.
¿Quién dicta al humor sus leyes?
Reyes.
Versos, cabras, gatas muelles,
viudas, frailes, bujarrones:
chascarrillos y canciones
de Guillermo Ruíz Reyes.
Amigo Guillermo, te rogamos encarecidamente que acabes esta perorata con un gran cohete, al menos de tres traquidos, que todos nosotros lanzaremos al cielo, con la segura confianza de que lo oirán los que han sido nombrados y ya no están, los que están y han sido aludidos, y otros que estando, y por olvido, no he acertado a nombrar.


De tu pariente y amigo, don Pablos.
Benalauría, a tres de enero de dos mil quince.






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De orden de la Autoridad Eclesiástica y el Santo Oficio, este escrito ha de ser recusado por contener graves insinuaciones a las buenas costumbres y la moral.
No se da permiso para imprimir, antes bien, se recomienda su destrucción en la hoguera,
y mandar a los corchetes a detener de inmediato
al autor de semejante libelo.
Fray Diego de la Buytrera, O.P.