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martes, 9 de marzo de 2021

 

CRÓNICA DE LA MUJER

 

Benalauría, marzo, 2021

 

No seré ni estaré nunca cerca de ningún extremo de donde pueda caerme. El límite entre el ser y la nada me aterra por lo que tiene de vacío. Y como Antonio Machado, intento no dejarme atrapar por las voces de los tenores huecos. Tampoco de las que ahora van de vicetiples. 

 Viene esto a cuenta de este tan manejado Día de la Mujer. Tengo de ellas ancestros campesinos y demasiados genes de montañas, aguas y arboledas, de los que nunca renegaré. De modo que sé de sus muchas dificultades. De aquellos días siempre iguales al pie del fogón y la leña, de la panera de ropa y sabañones, de los animales, de la recolección, de la prole. Y de sus tardes y noches en soledad mientras el hombre se bebía su amargura en la taberna.

 De ahí venía mi madre, aunque su vida fuera otra por circunstancias, vida la que hubiera estado atada aunque hoy ese mundo campesino sea otro, afortunadamente también para la mujer. Sus hijas, mis hermanas, fueron y son médico y profesora (no me gusta médica como no me gusta violinisto). Mi mujer, oiga sí, mujer, del latín "mulier" nada menos, también docente, como mi hija. Tiempos nuevos propiciados por los grandes cambios en las mentalidades. Tiempos, sin duda, mejores, aunque aún tengamos que soportar demasiada violencia y muerte a manos de los desalmados. Hágase justicia y edúquese. Sobre todo edúquese.

 Me alegra saber que Helena fuese el leit motiv de una de las historias más sublimes de la Literatura Universal, que Dulcinea fuese el bálsamo de la locura de Quijano, que se reconociera el impagable trabajo de Madame Curie, doble premio nobel de Física y Química. Que en nuestros días, en las grandes corporaciones haya un creciente número de mujeres dirigiendo, que una tal Ángela Merkel haya liderado, prudente y brillante, la Unión Europea, que Ana sea directora de uno de los bancos más importantes del mundo, que Victoria y María fuesen las neumólogas que me devolvieron el aliento, que Cari la enfermera o la madre Teresa madruguen cada mañana alegrando el desayuno a sus enfermos, que María José enseñe a leer a cientos de infantes sin tregua ni cansancio. Que Julia Roberts nos haya enamorado tantas veces, como la Streisand o Enma Thompson, que Isenvayeva volara con el viento, que Diana Navarro sea prestidigitadora del aire, que Isadora Duncan fluyera como un torrente sobre las músicas inmortales. Que el mejor gobernante de la Historia de España se llamara Isabel...

 Y sobre todo que muchas de mis alumnas hayan conseguido casi todos sus sueños.

Espero que muy pronto no tengamos que celebrar el día de, porque todo el año sea el de... la mujer, libre, realizada, trabajadora, integradora e inteligente. Sin complejos, ni etiquetas. 

 Y lo dicho: las vicetiples y las divas, al teatro.

 De vuestro cronista, con admiración, respeto y fe en el futuro, queridas convecinas.

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