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miércoles, 21 de octubre de 2015

QUE LA TIERRA TE SEA LIGERA
(Sit tibi terra levis)

     Así reza una repetida inscripción en numerosas lápidas de las tumbas desperdigadas por las necrópolis del Imperio. Los romanos, como ocurría con el resto de las civilizaciones de la antigüedad, cultivaban un acendrado respeto por los antepasados, a los que honraban con escritos epigráficos sobre las placas de mármol del enterramiento. Nosotros, como en tantos detalles de nuestra cultura, vida cotidiana, costumbres y lengua, los hemos heredado en esa dedicación, o más, si cabe: basta con acudir a un cementerio y observar las lápidas, donde aparecen el nombre del fallecido, sus fechas vitales, alguna efigie religiosa, incluso alguna frase dedicada al finado. Esta costumbre, insisto, nos viene de nuestros antepasados latinos, y como muestra muy cercana esta inscripción hallada en la necrópolis de Vega del Mar, de San Pedro de Alcántara y hoy en el Museo Arqueológico Nacional, con esta bellísima dedicatoria a una niña llamada Firmana, que se fue con tan sólo dos años:

FIRMANA
IN PAX ANIMA
DVLCIS VIXIT IN BONIS
ANNIS DVOBUSMENSES
OCTO RECOLLECTA EST IN
PACE SEPTIMV KALEN
DAS FEBRVARI DIES SA
TVRNI

(Firmana,
de carácter dulce,
vivió entre los justos
dos años y ocho meses,
fue recogida en paz
el día siete de las kalendas
de febrero, día sábado)


Cuando yo era un niño la Fiesta de Todos los Santos se celebraba, como hoy, justo antes del Día de los Difuntos. El cementerio era algo más pequeño, más humilde, y mucho peor equipado. Las lápidas eran igualmente más simples, incluso no las había en muchos nichos, tapados con ladrillo y una somera capa de mezcla pintada con cal. En el peor de los casos los muertos iban a tierra, con un simple crucifijo de madera:la muerte, que nos iguala a todos, no podía sin embargo evitar el exorno de los más potentados, que en este pueblo, todo hay que decirlo, eran escasos. Velas,apenas; flores, escasas, aunque cada familia, dentro de las penurias de la época, se esforzaba en colocar una lamparilla de aceite, y lo que se podía recolectar de las propias macetas o del campo en los comienzos del otoño.
       Los zagales solíamos ir por la noche al camino del castañar, para desde allí ver el cementerio tenue e inusualmente iluminado, con luces casi fantasmagóricas que destacaban de la entonces oscura silueta del pueblo. Aquella sugerente imagen ayudaba a que los más mayores comenzaran a contar inquietantes historias de apariciones, de seres extraños, de hechos que nos erizaban la piel bajo la temerosa oscuridad de la noche, acrecentada bajo los sombríos castaños, aún no despojados por el invierno. Entre aquellos escalofríos, el colofón era el anuncio de la llegada del temible “alicante”, una especie de “bicha voladora” que te podía matar de un picotazo: “si la víbora viera y el alicante oyera/ no habría hombre que al campo saliera”, nos explicaba alguno de aquellos mozos, que de vez en cuando nos advertía de un zumbido en el aire, es decir, un alicante que atacaba y que nos obligaba a echar cuerpo a tierra. Lo malo de todo aquello es que, además de tanto mal rato y pavor, llegabas a casa llenito de barro, cosa que nos procuraba más de un grito o pescozón.
     Se llenaba el cementerio de gente, igual que hoy, aunque sin vecinos de fuera, sólo los del lugar, reunidos piadosamente delante de sus respectivas tumbas, rezando el rosario o simplemente mostrando el más profundo de los respetos. Las noches aquellas, como las de hoy, podían ser lluviosas, siempre frescas tirando ya a frías, y el pueblo mostraba, tras el rito en el camposanto, un hálito de profunda tristeza y melancolía, tal vez muestra de una gran catarsis que había procurado la suma de todos los pesares, de todas las ausencias, de todas las lágrimas.
    Sin embargo, al levantarme por la mañana yo veía como el sol estaba ya en lo más alto de aquellos azules nítidos, brillantes y profundos que adornaban los cielos de nuestra infancia. Los alrededores del pueblo se significaban con las tímidas hierbas de los prados otoñales, en los pocos retazos hurtados al chaparral o al bosque de castaños, que comenzaba ya a urdiren sus yunques los bronces del incipiente noviembre. Esas mañanas, a veces tapizadas de nubes plúmbeas e ingrávidas que solían traer más de un chaparrón, nos hacían olvidar los terrores de la noche de magia oscura, muertos que no descansan y pavorosas historias narradas desde el fondo de los tiempos.Y recuerdo que el familiar olor a castañas asadas dominaba por doquier cuando el velo sombrío de la tarde se desplegaba sobre el valle. Por las chimeneas, con el humo de los primeros fuegos de encina u olivo, se decantaban los efluvios de la piel requemada del fruto, y en las casas, el sonido del crepitar y las repetidas vueltas al elemental perol con agujeros. Las manos ennegrecidas, quebrando el achicharrado pellejo, y al fin, como una dádiva de dulzores y aromas delicados, el limpio y pálido mondón, caliente aún, exquisito manjar que llevaba consigo todos los sabores, todos los sonidos, todos los olores y toda la misteriosa alquimia del viejo castañar.
 Así de sencillo y entrañable era en nuestra tierra el rito de los difuntos, y también en el resto de España, aunque con matices, claro. En la ciudad, los cementerios se convertían en súbitos jardines llenos de luminarias, donde el jarrón se adornaba con las flores más hermosas, y en los teatros los actores de moda interpretaban magistralmente el sempiterno drama de don Juan Tenorio y la monja doña Inés.
Puedo afirmar que hoy casi todo sigue siendo igual, o casi. Y digo casi porque de tierras anglosajonas nos llega, en mala hora, ese bodrio estúpido, esa moda horrenda, esa fiesta esnob a la que llaman Halloween, que de manera rápida y sorpresiva se ha colado en nuestra cultura, con brujas de opereta, disfraces ridículos y calabazas huecas (como las cabezas de algunos compatriotas). Mala cosa es que un país entierre sus tradiciones de una manera tan absurda, tan injustificada, cambiando la piadosa costumbre de honrar a nuestros antepasados por una suerte de carnaval hortera, sólo porque venga del país más poderoso de la tierra: es como si sustituyéramos la fiesta de los toros por el rodeo, nuestro exquisito fútbol por el beisbol, y nuestra variada y excelente cocina por la infame hamburguesa y el fastfood. En el imperio del mal gusto nunca hubo un caso de desculturización más dramático, impulsado incluso desde las instituciones, y hablo, desgraciadamente entre otras, de la escuela.
    Por eso, este cronista os pide que prosigáis con los viejos usos de estos días, que aunque haya que innovar y mirar las cosas según nos vayan dictando los tiempos, hay actitudes que no debieran cambiar. El cuerpo muere y se desintegra para volver a la arena (…Somos el río que inventaste, Heráclito, somos el tiempo…,escribió Borges)y el alma, que es de cristal invisible, tal vez vague por las altas alamedas azules y blancas de los cielos, o quizá se transmute en alguna criatura, como piensan otros, o tal vez sea sólo memoria. Da igual;ambos son nostalgia y recuerdo que nos deben llevar cada año a dedicar unos minutos ante quienes fueron parte de nuestra vida: honrándolos estamos asegurando los retazos de la propia existencia. Porque sin ese recuerdo, nuestro transcurrir se rompería en  desgarrados jirones de tiempo.
    Para eso están los cementerios, y por ese recuerdo perviven en pueblos y ciudades de todo el mundo, en cualquier época, en cualquier civilización, como nos retrató magistralmente el poeta Luis Cernuda.. En esos lugares

Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo solo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.



De vuestro cronista, José Antonio Castillo,

Benalauría,  a fines de Octubre de 2015

viernes, 21 de agosto de 2015

GUILLERMO, AMIGO (In memoriam)

GUILLERMO, AMIGO
(In memoriam)

Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...

(Antonio Machado. A José Mª Palacio)

Guillermo, amigo ¿están ya los castaños
ahítos en verdor, y están los huertos
en la sazón estiva de sus frutos?
¿Viene el aire del día con sus densos
herrajes de chicharras, y las noches
pálidas con sus astros y luceros?
¿Florecen las hortensias en tu patio,
no se han regado aún los vericuetos
del alcorque que pueblan los rosales,
colmado el arriate, y el pequeño
pinsapo las ojivas reverdece
con su elevado afán hacia lo eterno?
¿Quedó saciada ya la sed cuadrada
de tu alberca, y el chorro lastimero
almacena caudales del arroyo
por regar los dorados limoneros,
las lunas del naranjo, los manzanos,
las gráciles ciruelas y cerezos?
¿Acaso está el bancal triste y marchito,
la casa en cal honrada con el hueco
terrible de tu falta y de tu ausencia,
esta vez para siempre y sin remedio?
¿Suena aún el arroyo en sus someras
aguas bajo la adelfa y bajo el tiemblo
verdiplata de sauces y choperas,
y la copiosa sombra de los fresnos?
¿Te has bañado en el claro contrapunto
de aguas puras y brisas y reflejos
del Charco de la Fuente?, ¿abre el aliso
los tenues tornasoles de sus vuelos?
¿No has visitado hoy la fértil tierra
De Monarda, o subido al alto sexmo
Del Estercal, que cubre la bermeja
tierra con sus chaparros soñolientos?
¿Sigue enhiesta la cumbre del Poyato,
y trepa a los azules el tremendo
Tajo que delimita el caos de sierras
Del Genal y sus verdes opulentos,
con el padre apacible Guadiaro
y las Sierras de Líbar y sus cerros?
¿Ves los breves jazmines de Salitre,
Del Opayar, Las Pilas y los Puertos?
¿No ves tendido al sol de las laderas
rojiblancas a Cortes, con sus predios
y parcos pegujales con olivos
de plata entre majanos y entre almendros?
¿Ha pasado ya el tren?, ¿suenan los silbos
y su galope en brillos y en hierro
por la Estación, dejando atrás las huertas
y los caces y azudes molineros?
¿No te asomas al alto acantilado
de Las Buitreras, vértigo y ensueño
de una sierpe que repta en los abismos,
sacra y oscura roca, como un templo?
¿Has traspasado acaso las alturas
de las recias Majadas y el Berrueco,
sumergiéndote en el mar de los quejigos
y del alcornocal pardo e inmenso?
¿No te has puesto al volante y has subido
hasta el viejo camino que el roquedo
de la cancha cobija hasta Atajate,
y hacia Jarastepar se eleva, y luego
baja hacia Ronda? Alta en su atalaya,
¿te acoge en su gentío mañanero
y en su trajín, que un puente colosal
salva en piedra tallada sobre el viento?
¿Has paseado las calles venerables
de los ricos palacios y conventos?
¿No has alzado la vista a los cipreses
y a las bizarras torres de los templos?
¿No has oído el bramido de los toros
sobre los nobles arcos y en el ruedo,
cuando baja la brisa de la encina
que vive encaramada en el roquedo,
y del aura violeta, añil y rosa,
tras la muerte y la sangre y el silencio?

***
Guillermo, amigo, pálidas montañas
son ahora tu hogar, y los veneros
y fuentes serán albos igualmente,
como el aire y las rocas , como el fuego.
Lo que dejaste aquí, aquí se queda
con el mismo color y el mismo aspecto.
Vendrá el otoño de oro y el estío
será pintado en verde por el céfiro,
por la lluvia tenaz, las densas nieblas,
el súbito relámpago y el trueno.
Tu alberca colmará en leve verdina
su fondo, y la hojarasca un lastimero
manto de podredumbre ha conformado;
fresca hierba un tapiz irá tejiendo
junto a la casa. El sol, dorados haces
filtrará entre los árboles someros,
y el arroyo que habita en la vaguada
sus aguas mostrará, breve y discreto.
Guillermo, amigo, el mundo quedará
como tú lo dejaste, y un jilguero
cantará en la mañana luminosa
que por levante viene, o por el cielo
dibujarán traviesas golondrinas
la sonrisa final de tu recuerdo.







De tu amigo, don Pablos. Benalauría, 17 de agosto de 2015.

martes, 11 de agosto de 2015

HIJOS DEL AGOBIO

HIJOS DEL AGOBIO
          Un año ya, desde que la Fiesta Mayor de este pueblo echara el telón. Un largo año, aunque no sabemos si al final fue realmente tan largo. Llegó el otoño con su lánguida neblina de hojas que se engastan en el cobre del sol, las tardes acortadas de azules que se diluyen con rapidez entre rotundas nubes de plomo, y las noches inasequibles a descifrar su misterio. Lluvias cayeron pocas, ano ser las de noviembre y, antes de que nos diéramos cuenta, la Feria de Artesanía y los primeros compases de villancicos, la compra de turrones y la cena del día 24, cada vez menos nacimiento de Dios, recato y austeridad, y cada vez más dislate, despilfarro y vacuidad.
Llegó luego enero con su estremecimiento y su pesada capa de nostalgias, y más tarde el invierno se hizo patente con fríos intensos, no vistos desde hacía décadas, y con esa ausencia de luz que en el Genal se traduce en sombras y umbrías evocadoras, en arroyos recrecidos, y en el despojo de los castañares, indigentes y grises, como implorando al cielo un poco de verdor, ellos, que son siempre fresca opulencia de ramajes protectores, y ásperos nidos donde habitanlas dulces violas de su fruto. Primavera trajo consigo el retorno acristalado de un aire fresco y alegre, que acunaba en sus ráfagas suaves la llegada de las primeras yemas y brotes, de las asteráceas, genistas o brezales, de los prados apacibles, y de las liturgias del renacer del Cosmos que, en la religión Cristiana, tan hija de los mitos clásicos, significa la muerte y la resurrección del Dios redentor, generoso en vida y esperanza, artífice de los dones de la Madre Tierra quien, ahora abierta en su seno, nos muestra su generosa prestancia a ser de nuevo fecundada para generar los frutos que habrán de recoger más tarde las criaturas y los hombres.
La primavera fue muy seca, sin embargo. Tanto, que la tierra se agostó un mes antes de lo usual, menguaron los veneros, arroyos y ríos y, sin apenas tregua, el verano se presentó de golpe, airado, enfebrecido, exageradamente cálido, hasta el punto de batir todos los registros desde los últimos treinta años. Aun así, este cronista os dice que no hay que asustarse; olas de calor han sido incluso más largas y penosas que ésta, al menos tres en el pasado siglo, porque el tiempo, el clima, tiene memoria, y de vez en vez, recurre a sus extremos, dependiendo como depende de múltiples factores cósmicos, de fuerzas, elementos y factores atmosféricos que el hombre, afortunadamente, no puede dominar. Dicen que vamos a un calentamiento global…, puede ser, pero, en fin, estudios hay también en sentido contrario. Y aunque parece que la temperatura media del planeta se ha acrecentado en los últimos doscientos años, bien estará que aprendamos que oscilaciones similares han existido durante toda la historia de la humanidad, con frecuentes glaciaciones en el pasado remoto, que sepultaron en hielo a países hoy ricos de Europa y América del Norte, y calentamientos brutales que originaron desiertos, como el del Sáhara, que antes de esos días era una gigantesca pradera o sabana, plena de vida, e incluso, más cerca de nuestros días, una denominada Little ice age, una “Pequeña edad del hielo”, desde finales del siglo XVII hasta bien entrado el XVIII, que ha quedado plasmada en cuadros y grabados de la época, donde podemos ver a los niños jugando con trineos en los helados lechos del Támesis o del Rhin. Digo todo esto, amigos, para que no cunda la alarma, y que las aguas, nunca mejor dicho, volverán a su cauce, aunque es bien cierto que hemos de evitar coadyuvar a ese posible cambio climático, dejando de consumir de una vez por todas esos sucios y peligrosos combustibles fósiles, que han de ser sustituidos por las energías limpias que cada vez, con el permiso de los gobiernos y de los poderosos grupos de presión que los dominan, se hacen más necesarios, pero esa es otra cuestión.
Decía que ha pasado un año. Durante él nos han dejado algunos vecinos; no los nombraré pues están en el ánimo de todos, y su ausencia se hace bien patente entre nosotros, dejando tras su sombra un hálito, una imagen etérea y amable de su paso por la vida. El resto hemos sobrevivido de momento, a pesar de la que dicen crisis, que también afirman otros ya ha pasado, no sé, cada cual mirará su bolsillo y verá si le han sobrado algunos billetes para alegrarse la vida tras cubrir su necesidades básicas y las de sus allegados.Quiera Dios que las cosas se arreglen en España, que cesen esas tragedias anónimas de la pérdida de la vivienda, de la penuria en el frigorífico, de la miseria que amenaza a los más débiles, comenzando por esos niños que aún no han comenzado casi a vivir. De esto, en nuestro pueblo, apenas hay, pero lugares son donde la escasez ha sido una constante en estos terribles años.
       Hoy tenemos un nuevo gobierno municipal, aunque siga al timón el mismo partido, la Agrupación de Electores, y el mismo alcalde, Eugenio Márquez, con el Partido Socialista en la oposición, y mi amigo Domingo Almagro al frente. Es el turno de la normalidad democrática, sin aspavientos, ni rencores. En un pueblo pequeño, bueno será que remen ambos en la misma dirección, con tal de paliar o solucionar las graves carencias que la villa tiene. A ver si de una vez por todas se soluciona el problema del acceso al pueblo y un aparcamiento que ya se hace imprescindible si queremos seguir avanzando. Es, sencillamente, una cuestión de supervivencia.
Y en fin, vuelvo a la Fiesta Mayor de este año.En las noches del sábado y el domingo, tras los festejos diurnos, pudimos oír algunosla magnífica interpretación de la orquesta (deberíamos redimensionar la fiesta al tamaño de la localidad, como dice Antonio Viñas. No por más elementos y sonido se toca mejor o se está más cómodo en la Plaza, sino todo lo contrario. El volumen excesivo nos expulsa de la fiesta: la feria ha de ser para todos, y no sólo para los que gustan del ruido). Decía que, en un homenaje al desaparecido grupo Triana, la banda nos retrotrajo a muchos de nosotros a aquellos días de los finales setenta cuando, en el patio de la destartalada y entrañable “Carbonería” sevillana, este cronista vio tocar a un grupo de mozalbetes, quienes, tocados por la varita mágica de la siempre presente genialidad andaluza, dieron en fusionar sones de músicas aflamencadas, quejíos de soleares y animosas trazas de bulerías, con los instrumentos y aires del Rock, y quien sabe si del Blueso incluso del Soul: una amalgama felicísima que resonaba en teclados, bajos, cuerda eléctrica y percusión, atemperados por la poderosa y fresca voz de Jesús de la Rosa, alma del grupo y conductor de tanto gesto airado y tanto lamento y tanta amorosa confesión. Y en esas noches senos hicieron patentes los “Sentimientos de amor” que inventara aquel grupo, una composición que no era sino un desesperado grito, que se elevaba entre sones que parecían por momentos efluvios de noches plateadas a la sombra de alguna torre o algún palacio, porque “me llevó de ti una ilusión”, esa que iba navegando su nostalgia e imposibilidadcon el éter del agua del Guadalquivir, cálidaen lunas y en susurros de oro. Al fin, como una parábola de lo porvenir, siempre repetido y siempre acechante, “Hijos del agobio”, nos decían,  cuán frágil puede llegar a ser nuestro bienestar, nuestra felicidad. “Hijos del agobio y del dolor”, cantaban, pero también “quiero sentir algo que me huela a vida”,pues somos supervivientes, a fuerza de ilusión o de ser ilusos, a tanta emboscada con que la vida nos atenaza.
Sobrevivimos amigas yamigos, un año más, bajo las luces nocturnas de la Plaza, con los sones de esta magnífica orquesta que nos llevó en volandas a los más veteranos a tiempos y amores que ya no volverán, cuánta nostalgia, cuánto acompasado dolor por lo perdido,  y con los refrigerios y tapas y vinos, al pie de los orgullosos pendonescon que la brisa serrana juega y enreda, bajo los que nuestra Fiesta de Moros y Cristianos nos acoge cada agosto, para indicarnos que, a pesar de tanto agobio y desesperanza,y de tanto amor desperdiciado, seguimos disfrutando de nuestra vida, plena de limpia y honrada cal, del breve jardín de la maceta, de los riscos salvajes, de las inmensas lunas bermejas, y de arboledas sin fin.


De vuestro cronista, en Benalauría, a 7 de agosto de 2015. 

lunes, 18 de mayo de 2015

LA GRAN FIESTA DE LA DEMOCRACIA

LA GRAN FIESTA DE LA DEMOCRACIA

Democracia: en griego, gobierno del pueblo. Cinco siglos antes de Cristo, en la  ciudad-estado de Atenas, Clístenes y Pericles fueron artífices,sucesivamente, de una gran revolución que habría de dignificar, aún más si cabe, todo lo que el genio griego había aportado a la humanidad. Si la Filosofía, las bellas artes, las letras y las ciencias habían recibido desde Grecia el mayor impulso de toda la Historia, he aquí que, a partir del acendrado humanismo con que la cultura griega se impregnaba, el género humano alcanzaba las más altas cotas de dignidad y grandeza, desde el momento en que, en pública asamblea, podía votar y decidir en gran medida sobre el destino de su patria. Roma, la primitiva Roma republicana, consigue alargar en el tiempo todos estos logros, gobernándose a partir de un Senado, y con el poder dual de los cónsules, elegidos cada año, como poder ejecutivo. Claro está que en estos sistemas de la Antigüedad nuestra actual democracia no encontraría parangón, ya que las garantías de hoy nada tienen que ver con los despóticos poderes de aquellos días, pero piénsese que, en los tiempos de las tiranías asiáticas, de la barbarie del centro y norte de Europa, del atraso secular de África y del desconocimiento de América, donde los indígenas nunca crearon formas similares de gobierno, el intento de griegos y romanos de dignificar el poder y la administración de sus gentes constituye un logro impresionante, que se plasmará finalmente en el desarrollo del Derecho y la eficaz gobernación de un Imperio, en el caso de Roma, que durará casi mil años, y cuyo legadoes hoy parte de todo el mundo occidental, y aún del oriental.

Tras los siglos de plomo de la Edad Media, y de la lenta resurrección de aquella vieja herencia clásica durante el Renacimiento y las centurias sucesivas, es a partir del siglo XVIII cuando resurge la idea de que los hombres han de ser considerados libres e iguales ante la ley, con derechos individuales inalienables, y con capacidad para, mediante su voto, decidir sobre su propio destino. Estas ideas, propiciadas por los llamados filósofos ilustrados (Locke, Montesquieu, Voltaire, D’Allembert, B. Franklin, Rousseau…), se abrirán paso a partir de la Revolución Norteamericana, que trajo consigo la independencia de las Trece Colonias británicas, y un nuevo estado con una forma de gobierno que no contemplaba el poder monárquico, sino un sistema bicameral, un presidente elegido cada cuatro años, y un Tribunal de Justicia independiente; se consagraba así el viejo anhelo de los ilustrados, de que el poder fuese fragmentado en tres ámbitos independientes: el Legislativo, relativo a las cámaras de los representantes del pueblo, el Ejecutivo, es decir el gobierno efectivo de la nación, que emana de aquellas votaciones, y el Judicial, en manos de los jueces y de un Tribunal Supremo. La Revolución Francesa de 1789 trasladará a Europa estos logros, y tras no pocas resistencias por parte de los monarcas absolutos y de las clases más privilegiadas, revoluciones sucesivas consagrarán definitivamente el sistema democrático en Europa, Norteamérica, incluso en algunos países de Hispanoamérica y Asia.
Esta democracia de corte occidental y con raíz hondamente burguesa evolucionará hacia formas más populares, hasta alcanzar las cotas de libertad y garantías de lasque hoy disfrutamos. Muy largo ha sido el camino. Numerosos los intentos de acabar con este sistema, y, a partir de las sucesivas crisis sociales y las cíclicas del capitalismo, poderosos intereses económicos e ideologías de corte autoritario y xenófobo se coaligan para crear el fascismo, y su secuela plasmada el horror del nazismo, y, desde el otro extremo, esa otra barbarie del comunismo totalitario. En estos regímenes, el hombre pasa a ser una mera pieza de una maquinaria que se centra en el Estado, una maquinaria que no permite el individualismo, la libertad, el pensamiento propio, y que elimina drásticamente cualquier disidencia en campos de exterminio o infames prisiones. Por fortuna, ambos movimientos casi han desaparecido de la faz de la tierra, y la democracia, aún con sus enormes limitaciones y defectos, se abre paso inexorablemente en todos los ámbitos, a pesar de las nuevas amenazas de los populismos que pretenden revivir aquellos horrores, y de los nacionalismose integrismos terroristas. Un dato puede resumir las infinitas ventajas de vivir bajo un régimen democrático: de los países más prósperos del mundo, y con mayor calidad de vida, no hay uno solo, salvo excepciones coyunturales, que no viva bajo el manto protector de la democracia.

Ahora se acercan las elecciones municipales. Algunos dicen que es la forma de participación más directa, pues se elige a una persona generalmente muy próxima a los intereses de cada cual. Y así es, efectivamente; nada hay tan directo como ejercitar el voto con vistas a elegir a esa persona que va a velar en los próximos cuatro años por la seguridad, la limpieza, la salud, la educación y la cultura, la distribución y el comercio, la ayuda urgente, la diversión y el ocio, en suma, por el bienestar de los ciudadanos. Es esta la ocasión propicia para que nuestros anhelos e intereses queden reflejados en ese equipo que habrá de tomar las riendas del pueblo o la ciudad, por eso, como cronista de Benalauría, os impelo a votar, y a que, en conciencia y con la lógica aspiración de los propios intereses y de los del bien común, escojáis aquella opción que más acerque a vuestra forma de sentir, de hacer y conseguir, respetando, a partir del día siguiente de la propia votación, el dictamen de las urnas. En eso consiste la democracia. En eso consiste nuestro bienestar. En eso consiste nuestro futuro.


De vuestro Cronista Oficial, 7 de mayo, de 2015.

domingo, 1 de marzo de 2015

CHRONICA DEL SERRANO BURLÓN

CHRONICA DEL SERRANO BURLÓN
Érase una vez un hombre altivo y bien encarado, criado en la villa de Jubrique ,cuyos lugareños poseen un habla cantarina que algunas veces recuerda al de Canarias, y cuyo topónimo curiosamente rima con “alambique”, lo que no es ninguna casualidad, dada la afición por el aguardiente de la mayoría de sus hijos.  Desde aquel seno familiar, vino en darse cobijo nuestro hombre al pueblo de Casarabonela, blanco y rico en huertos y vergeles al pie de la Sierra de Caparaín. Allí terminara su crianza, a cargo de su afamado tío Antonio Carmona, que le enseñó a cuidar cuerpo y heredades, en lo que adquirió notorio aprovechamiento, a no ser porque un día de fiestas de guardaréste lo hallara en la puerta de la iglesia, con los zapatos rajados y el traje manchado aposta, pidiendo limosna para comprar tabaco a los hombres de bien y caritativas damas que del templo salían. De la sonora bofetada que su tío le propinara sacó Guillermo, que tal es el nombre de nuestro héroe, la clara conclusión de que nunca había que hacer bellaquerías en sitios conocidos, y sí aprovechar la condición de anonimato para perpetrar negocios que le sirvieran de provecho.
Pasó de la escuela al Instituto de Málaga, donde enseñaran entre otros el implacable catedrático Rodejas, y el no menos estricto y un tanto excesivo don Santiago Pogonowsky, de estirpe polaco-teutona, de quien Guillermo ponderaba su perfecto y afectado castellano, con aquella frase celebérrima del colofón de un fornicio en casa de mala nota “…basta, basta, la naturaleza ha obrado”. Y de allí a Magisterio, y de la Escuela Normal a ejercer de maestro en pueblos varios.
Hízose  hombre al fin, y llegara a Benalauría, donde conoció a su mujer, Ana, hija de Encarna y Mariano, con la que al poco se casó y vivió hasta los días en que esto se escribe. Le nacieron cuatro hijos, el mayor Guillermito, una especie de músico que es capaz de tocar cualquier clase de instrumento que en el mundo hubiera, pertinaz tuno hasta que el cuerpo aguante, casado con otra Encarna, boticaria de oficio, y padre de dos hijos, todos ellos avencindados en la vega granadina. Le sigue Encarnita, de nuevo el recurrente nombre familiar, moza garrida y de grande belleza, que desposara con José, profesor y madrileño castizo de Atocha, socio importantísimo del “Equipo de Dios, oyes…”, madre de Óscar y Almudena; luego Ana Belén, amante de gatos y criaturas, empresaria de cosas verdes del campo, compañera de Jaime, cortesano del Guadiaro transformado en AbúYaqub al Kurtisí por mor de una Fiesta de Moros, que él engalana con su voz y su arte inigualable, y por fin, Mariano, cocinero de alta escuela que regenta “La Molienda”, casado con Gema y padre de un hijo, Ruicillo puro, según dicen. Lástima que al padre, tan buen cocinero, hombres perversos lo encaminaran a ese equipo del nordeste, de nombre impronunciable por respeto a los oyentes, no sé qué de “Farsa”.
Pero volvamos a nuestro hombre. Si alguien requiere a persona que nunca tenga otra cosa que buen humor, búsquese bien y hallará a este ejemplar de la naturaleza, magnífico escanciador y mejor bebedor, en el buen uso de la palabra, gran degustador de tapas y manjares, tanto, que aun después de engullir cuantos yantares de mayor o menor acierto le ofreciesen en mesones, albergues y figones, no eximía a su paladar de un buen caldo de ave con limón, y una tortilla a la manera francesa que Ana siempre le dispusiera. En cuanto al vino, pues Fino si es menester, aunque prefiere de entre ellos el denominado Tío Pepe, que se dice en Ronda que ya es casi el único que lo solicita, pues al tinto se ha pasado casi todo el personal, y también él, a condición de que éste sea de buena crianza. Sólo un vino detesta, la fresca y dúctil Manzanilla, tan ligera según él, que en una ocasión dijo preferir beber agua antes que tan endeble vino.
Decíamos de su buen humor…pues recuérdense sus anecdotarios, chascarrillos, cuentos, recitaciones y demás artilugios de ingenio con los que ha deleitado y deleita a varias generaciones de parroquianos. ¿Cómo no recordar sus in números cuentos sobre gatos y gatas, a los que imita genialmente con gesto y facción? A ese respecto, atiéndase a lo que sigue:

“De lo que aconteció a una gata de angora
con un joven gato sin posibles,
al solicitarle éste sus servicios.”

SONETO

Como reina en su trono del tejado
una gata de angora, incontinente,
de suave pelambrera y sexo ardiente
ronronea en cortejo desbocado.

Acertó un gato joven y atigrado
a subir y le pide, diligente,
que es luna de verano y le es urgente
ser por ella en amores consolado.

Dijo el minino: no tengo trabajo,
escaso es mi peculio, parco, austero,
mas preciso calmar a mi badajo.

Hizo un mohín la gata, lastimero,
su pelambre agitó, y con desparpajo,
“fiau, fiau”, maulló, “fiau, sin dinero”.

Ode mujeres hartas de marido que se iban a tirar al tren, por desesperación, y terminaban tirándose al maquinista, los de San Apapurcio en el desierto, feliz recreación sicalíptica de aquellos eremitas de vida apartada, de los curas consoladores de viudas necesitadas, de los machos cabríos de los Bienes de Propios, que no montan a las cabras pues devienen en funcionarios, de los que acuden al padre a pedir no la mano sino el más preciado tesoro de su hija, del perdido en el desierto que hallara al genio de la lámpara y este le concediese como tercer deseo, en vez del instrumento insaciable con nombre de ave femenina de corral que le pidiera, una gallina que devoraba todo lo que se le ponía por delante…Cómo no recordar su intuición sobre el actual matrimonio gay, con su fino chiste de “mister John y mister Carter…”, oal desesperado peticionario que entrara en el bar de tapas rimando con vino, “de lo mismo me das a mí, y de tapa codorniz…”
Si fuera por las anécdotas…casi todas en Benalauría, con el gorrino al destete de Pepe Ricardo en referencia al afamado Mauricio y su gran y tremendacosa que llegó a superar el mostrador de Almagro, o cuando sostenían al Pirujo pisándole los pies de borracho que iba, y del tremendo costalazo de éste al soltarle la presión, o el aceite virgen que trajera Francisco el Mirlo para unas tostadas, tan virgen que si por poco fenecen allí mismo los comensales, pues no era tal sino aceite del velón de La Virgen, y menos mal que Luis, su compadre, ofreciera el ingenio de beber mucho vino para que, flotando, el aceite asesino saliese por la boca…o la famosa excursión a Jerez para ir por vino, y cómo las garrafas llegaron vacías al pueblo a causa de un cánula por la que escanciaban por riguroso turno el contenido, y las de Farruco, con los americanos a los que no cobró porque nunca volverían por allí, o cuando tras ingeniar una estratagema para que pagase un médico gorrón, el bueno de Farruco acabarapagando todo al fin, y en paz.Las de “Salvaorito”, uno de los tipos más ingeniosos que en pueblo nacieron, con los civiles acudiendo al prohibido juego de Las Chapas en La Ladera, y la contraseña que debía gritar si estos llegaban por sorpresa, “barreno, barreno…y ardiendo…”, o el día en que amarraron a su colchón a Carlos Barragán, que intentó defender heroicamente un jamón de bellota que colgaba, que el infelizreservaba para las Pascuas…En fin, en Benadalid, de donde hubo de salir a todo gas en moto al prender fuego a la traca en pleno baile…Sus veladas interminables en Algatocín, con Matías bailando como un zombi, o Talabarte y su dedo juguetón, con Palomo que, naturalmente, respondía a su llamada, “voy volandooo”, en Jubrique con Antonio Ríos, y con sus inolvidables hermanos Pepe y Antonio, o sus andanzas con Eugenio y Paco en Málaga. Gaucín, donde los parroquianos huían despavoridos al ver acercarse a los Ruíces, o en Ronda, donde tras recorrer los mesones, se iba al cine, sin importarle sala o programa, pues aquella era su siesta placentera. Sus paseos al Guadiaro, con ocasión de hacer un pozo en el cortijo, y a la Estación con su colono Domingo…Bares de Luisa y Manolo el Alcalde, éste tan feo que el propio Almagro rezumaba moral desde que conociera al susodicho, y más tarde con el Piquín y su figón, donde tras una sopa de ajo, su hermano Germán cayera redondo de espaldas con un síncope al escuchar uno de sus inefables chistes…Y en Cortes, con el gran Sevilla, que dicen las malas lenguas que cuando perdía el Madrid se encerraba a llorar sin desconsuelo, y con su amigo Cristóbal Núñez, un caballero en cuya tarjeta de visita se dibujaba una bandera de España y la leyenda: “español y de Cortes de la Frontera”, o con el no menos caballero Modesto, antifranquista hasta el tuétano, o con Diego el de Victoriano, y tantos y tantos amigos de aquella hermosa y hospitalaria población a pesar de la mala fama que le dicta la copla, paisaje y hospitalidad de los que guarda emocionado recuerdo este cronista.
Pues y los versos y las representaciones…mirad su rostro cuando recita, “Luego un can, luego nadie, nada, nada”, “el nabo no hay que dudar/ está muy bien colocado/ la que lo ha puesto es probado/ que lo sabe manejar…”, “Sacristán que vendes cera/ y no tienes colmenar/ raspavelas, raspavelas/ raspavelas del altar…” Y sus canciones, “Ana, asómate a la reja…”, “Ay va, ay va, ay Babilonio qué mareo…”, “En casa de un carbonero…”, “Maximiliano…”, y su infalible “Tres horas llevo aquí/ y he venido aquí con el aparato…”. Y por fin, después de cientos de chistes, canciones, chascarrillos y anécdotas, surgía un cohete, siendo éste colofón de tanto ingenio, siseando sobre la mano abierta, golpeando las piernas, aplaudiendo bien fuere de uno, dos y hasta tres traquidos, y explosionando pum, pum, pum, cosa que él aderezaba con el doble sentido de un satisfactorio fornicio, o bien de lágrimas, que eran un ¡¡ahhhh!! de gozosa concordia entre los asistentes.
Guillermo, que era algo afortunado en bienes, nunca soslayó junteras con cualquiera, aunque fuese de humilde condición, que tuviese ganas de un rato de charla, risa fácil y pocos deseos de discusión o disgusto, asuntos de los que siempre huía. Díganlo Pepe Ricardo o sus compadres Farruco y Luis, que eran pobres de solemnidad, y a quienes apadrinó hijos e hijas. Pero también era capaz de divertirse con los más pudientes, como Pepe Martín, a quien acompañó en múltiples desventuras y negocios, casi todos fallidos, a bordo de aquel destartalado LandRover, siempre averiado hasta que llegaba Juan Aguilar, quien, tras misteriosas manipulaciones, con un martillo en ristre golpeaba el cárter y decía, “arranca, Guillermo”, y el viejísimo coche ronroneaba milagrosamente dispuesto a seguir caminando. Correrías con Paco Viñas y su hermano Miguel, de tan grato recuerdo a todos. Y ya más en nuestros días, acertó a juntarse con unos jovenzuelos desenfadados que, guitarra en ristre, iban en peregrinación por ferias y saraos, los “Palmeros de Benalauría”. Con ellos,interminables tardes en la Venta de San Juan, con Manolo y sus dos hermosas hijas, los dos Castillos, Domingo Javier y Antonio el Civil, y Pepe Loras y el Niño de Paca. Salidascon su yerno el castizo, en busca del pescaíto y la luz salada de la mar malagueña, y también con Tomás, que ríe con él a cambio de hacerle la declaración de renta, algo truculenta como es natural, y con Francisquín, al que nunca convenció de que el pinsapar de los Reales quedaba a la derecha de la carretera, y finalmente con el añorado Juanito García, a quien profesó una honda amistad hasta su muerte.
Queridos amigos, querida familia. Aquí nos encontramos reunidos junto a este patriarca del buen humor. Brindemos por él, pero también por la alegría que siempre tuvo a bien transmitirnos. Nunca podremos agradecerle su impagable tributo a nuestra concordia y nuestra diversión, sana, amable y tantas veces  celebrada. Guillermo es irrepetible, por eso, los que hemos tenido la suerte de conocerlo le decimos: vive mucho tiempo, y sigue concediéndonos la dádiva de tu ingenio y buen humor.


    Como en la mejor tradición clásica, y abundando en sus virtudes, ofrezco este ovillejo al personaje:

¿Quién nunca triste y enfermo?
Guillermo.
¿Quién, de tapa, codorniz?
Ruíz.
¿Quién dicta al humor sus leyes?
Reyes.
Versos, cabras, gatas muelles,
viudas, frailes, bujarrones:
chascarrillos y canciones
de Guillermo Ruíz Reyes.
Amigo Guillermo, te rogamos encarecidamente que acabes esta perorata con un gran cohete, al menos de tres traquidos, que todos nosotros lanzaremos al cielo, con la segura confianza de que lo oirán los que han sido nombrados y ya no están, los que están y han sido aludidos, y otros que estando, y por olvido, no he acertado a nombrar.


De tu pariente y amigo, don Pablos.
Benalauría, a tres de enero de dos mil quince.






+
De orden de la Autoridad Eclesiástica y el Santo Oficio, este escrito ha de ser recusado por contener graves insinuaciones a las buenas costumbres y la moral.
No se da permiso para imprimir, antes bien, se recomienda su destrucción en la hoguera,
y mandar a los corchetes a detener de inmediato
al autor de semejante libelo.
Fray Diego de la Buytrera, O.P.


miércoles, 6 de agosto de 2014

PREGÓN DE LA FERIA 2014

PREGÓN DE LA FERIA. BENALAURÍA, AGOSTO DE 2014

Sr. Alcalde, Sres. Concejales, autoridades,
amigos, convecinos y paisanos:


Hace exactamente 18 años fui requerido casi con la misma urgencia que hoy por la entonces alcaldesa Begoña para que diera el pregón de la fiesta mayor de Benalauría. No había pregonero, igual que ahora, tal vez porque había sido un año aciago en muertes no esperadas, y, como ahora, hube de confeccionarlo a toda prisa, de modo que, dadas las tristes circunstancias, aquel pregón no constituyó sino una triple elegía dedicada a otros tantos seres muy queridos.
Ninguna muerte excede en dolor a otra, ninguna soporta más caudal de llanto que la precedente o la posterior, ni más dolorida ausencia, ni más triste memoria. La muerte nos hermana a todos, tal vez sea esa su única virtud. Muchos otros han desaparecido desde aquellos días, que a los que ya gozamos de cierta edad se nos escapan a puñados amigos, familiares y vecinos. Sin embargo, si hablo y rememoro aquellas tres es porque en su momento representaban el pasado, el presente y el futuro de nuestra fiesta:
- Francisco Viñas era el viejo capitán, emotivo y convincente, de una tropa de infantería mal equipada, indisciplinada y borrachina, enfrentada a aquellos moros envueltos en tizne y jaiques de estameña. Era el pasado.
-Juan García fue la conciencia del cambio y la renovación de la Fiesta de Moros y Cristianos, con su tozuda insistencia en crear una Asociación para salvaguardarla y mejorarla. Fue el presente.
-David Villanueva, que aún llevaba en su alma la flor de cerezos y azahares, significaba el futuro, como muy bien podemos constatar en los de su generación, hoy pilares básicos de nuestro festejo.
Pasado, presente y futuro. Y esta noche, de nuevo ante ustedes, me pregunto si no es hora de honrar igualmente a los que nos han dejado recientemente, algunos tan dolorosamente cercanos a quienes estamos en este escenario. No los nombraré, con su recuerdo basta.
Honrados los ausentes, vayamos pues al pregón que, en realidad, ya ha comenzado cuando estos esforzados dominicos que tengo aquí delante iniciaron esta tarde la procesión de su patrono. Ellos realizan cada año un silencioso canto, una hermosa oración bajo los arduos hábitos de la Orden de Predicadores, sin faltar ni una sola vez. Vedlos ahí, silenciosos y austeros, sin esperar otra recompensa que la que les proporciona el honor de llevar a su Señor. A ellos, queridos amigos, nuestro primer y más cálido aplauso.

Apuraos, dominicos,
acudid hasta la iglesia,
que Santo Domingo ocupa
sus andas, y está a la espera.
Enfundaros vuestros hábitos,
cíngulo, cogulla y suelas
de esparto o cuero en sandalias,
y el ánima bien dispuesta.
Fervorosos, en el coro,
implorad primas y tercias
en facistoles que vieron
estremecerse las piedras
con el canto gregoriano
de maitines a completas.
Y luego, cuando la luna,
entre amarilla y bermeja,
gata redonda y en celo
en la noche verdinegra,
se pose por los collados
y las cumbres pinariegas,
levantad a nuestro Santo,
llevadlo con manos recias
y los hombros bien curtidos
por las empinadas cuestas.
Llevadlo, mientras sonríe,
con su perro y su bandera
de plata, mientras bendice
cada casa y cada puerta,
cada rincón, cada patio,
por humilde que éstos sean.
Mirad cómo escucha atento
el pregón que se presenta,
y luego, tras la palabra,
llevadlo, que ya regresa
hasta el domingo en que entonen
las músicas su propuesta
y la pólvora se adueñe
del aire, el agua y la tierra,
cuando los moros ataquen
con saña brava y guerrera,
y los cristianos dispongan
sus tropas a la defensa.

Santo Domingo y su familiar iconografía de hábito viejo, gran tonsura, banderita plateada, y con su rosario y su perro. Ah, el perro, compañero inseparable y amigo fiel, ¿cómo queréis que desaparezcan los perros de nuestras calles si el Santo Patrón de la villa no se separa jamás del suyo? Eso sí, es milagroso, como no podía ser de otra forma tratándose de un santo, que ese animal no haya sido sorprendido nunca haciendo lo que no debe por algún rincón.
A ver si vamos tomando ejemplo, que el pueblo está que se sale de bonito: plazuelas, rejas, miradores, macetones, calles como con zapatos nuevos, callejones floridos, ¿habéis visto qué callejones?, incluido el del Sr. Alcalde, y las flores de cada vecina, a millares estallando en colores de todos los tonos, un vasto jardín callejero, con alcorques a retazos, átomos de campo, pizcos de primavera prendidos en rejerías, balcones y puertas: Benalauría viene a ser como un gran patio cordobés en forma de laberinto, o si se quiere, he aquí un gran patio cordobés en el laberinto verticaldeBenalauría, gracias al afán, mimo, cuidado y amor de nuestras mujeres, y cuyo ejemplo más conspicuo, por citar alguno, es ese decorado amoroso en flores que va desde la puerta deAna Mari, ¡qué selva de colores y perfumes nos has compuesto, Narcisa!,hasta la Plazoleta, donde Carmela,Maite, Elena,Isabelina, Anita e Isabel María hacen estallar sus fachadas en hortensias, rosas y bouganvillas. A todas ellas, y a todas las restantes mujeres anónimas que siembran, podan y riegan en sus tiestos de barro y corcho, nuestro aplauso y reconocimiento.
Si es que tenemos de todo… Salón de Actos, Guadalinfo, gimnasio, y hasta piscina, aunque usarla la usamos poco. ¡Quién lo iba a decir!, un pueblo de fundación musulmana, de la civilización que inventó la cultura del agua y los baños públicos que recogieran y perfeccionaran de Roma, reniega hoy del chapuzón, desprecia el frescor y se niega a participar de las bendiciones y la salubridad que proporciona el agua.
Y, últimamente, disponemos incluso de una torre al parecer de vigilancia. Digo yo que, dado el sitio que ocupa en lo más alto de la Copa Ventura, tal vez sirva en el futuro para avisarnos de algún ataque de nuestros apacibles vecinos de Benadalid, tanto,que hace cuatro siglos fueron atacados por los moriscos de este pueblo, destruidos sus archivos y quemada alguna casa, y aún no han respondido: de ahí la torre, no sea que les de por saldar aquella vieja deuda.

¡Cuánto hemos cambiado en tan escaso tiempo, y cuánto ha cambiado nuestro pueblo! Y sin embargo, tengo la sensación de que en estos casi veinte años transcurridos desde aquel pregón del 96, casi todo ha cambiado en apariencia, pero casi nada ha cambiado en realidad. Las madrugadas siguen oliendo al pan recién horneado de los hermanos Guerrero y de Juan Andrés. Las tardes de junio se enjugan con brisas de puro campo y cerezos, y del olor dulzón a tramas de castaño. Los colores del otoño siguen pintando su cuadro de fuego y oro viejo, y el verano conjuga la ceremonia y los aromas del tablar recién regado con el chorrillo amable de una alberca, mientras desde muy temprano se escucha la algarabía vana y tenaz de las chicharras percutiendo con su cacharrería de bronce sobre los chaparros. Prosiguen los aromas del cantueso y el almoradux, siguen amarilleando aulagas, escobones y genistas, vive como siempre el viento en los pinares anidados de trinos, transcurren los arroyos y también nuestros dos ríos, plenos de sombra verde, perfumados de húmedo mastranto, y guardados por los chopos centinelas,armados de mariposas de brisa en tornasol en lugar de hojas. Se repiten los roces del dominó sobre las mesas, y las ajadas cartas en las interminables tardes invernales, el agua de las canales sigue sonando igual,con la benefactora lluvia de las noches y de las tormentas que traen los Ábregos de poniente.
Naturalmente, decimos que antes llovía más, que no revientan los nacimientos, y que hacía más frío, y que ahora hace mucho, mucho calor, tal vez porque es verano, como el próximo invierno hará de nuevo más frío, porque es invierno, y aunque caigan más dos mil litros por metro cuadrado, alguno seguirá diciendo que antes llovía más. Seguiremos hablando del aparcamiento que nos harán la Diputación o la Junta, y del ensanche de la carretera y de la depuradora que nunca llegan, y del centro de salud, que ahora sí. Los perros, como se ha dicho, siguen por las calles, por no incomodar a Santo Domingo, y las bodas, que ya son superiores a las famosas de Caná, en la Plaza, como si fuera un día de feria: propongo al Ayuntamiento que haga coincidir las bodas con nuestra fiesta, que así se ahorraría un pastón. Van las mujeres al toque del rosario: un pequeño grupo de ancianas, que lo aprendieron de la inolvidable doña Carmen,se niegan a que el Señor permanezca solo todo el día, y van como pueden, sacando fuerzas de donde ya no hay, al toque de campanas; ah, las campanas, latido espiritual del alma de los pueblos. Si alguna vez enmudecieran, yo no querría ser testigo de ese inquietante silencio, y si alguna vez se cerrara nuestra iglesia, tampoco desearía ser cómplice de tal infamia.
Las cosas del campo siguen estando igual de mal que siempre, los frutos valiendo igual que siempre, es decir, casi nada, mientras otros se aprovechan, como siempre. Rufina prosigue con sus afanes de recolección de las arboledas y su sabiduría de encinas que no se preparan, y que se van a quemar, que “es menester ver”… Dominguito con su célebre, ¿“las ovejas?, vosotros no sabéis lo mal que están las ovejas”, los Chetes y su gente,descorchando, Pepe Ana Ventura con su saquillo al hombro viniendo de la Alberca a llevarle,asinquezo, a su hermano Antonio unas poquillas de cerezas. Pepe el de la Puerta de la Iglesia con su hablar pausado de almácigas, Antonio el juez y su hermano el Rubio en su vertical jardín del Huerto Pujerra,Domingo Álvarez, caminando sin parar como su abuelo Domingo Álvarez caminaba sin parar, Guillermo consus famosos chascarrillos y anécdotas contados ya a la quinta generación, Tomás transcurre con el río de sus risas, la Albarrácon su tertulia de sabios, Ricardo, Currito, Joaquín. Antonio Tintín a sus huertos, a los que ahora se agregan una caterva de chicos recién jubilados, como Aurelio, Blas, Juan Mena o Paco el Mellizo, que parece, por lo que dicen, van a reventar el mercado de tomates y pimientos. Se fue Antonio, el farma, ese hombre bueno y apacible, pero nos llega Enrique, como van y vienen médicos, curas o maestros.La fuentecilla manando, como la Alberca, los niños jugando con la pelota en la Plaza, como en tiempos de Carrillo, las obras de los “Socorríos”, inacabables, y los bares, ahora numerosísimos, con pizarras llenas de tapas exóticas, y la tienda de Ana Ventura, y las caballerías con su metálico andar por las calles, y llega el pescado con toda clase de pescados, y las hortalizas con toda clase de hortalizas, y los polvorones en navidad, y los santos en las calles por Semana Santa, con la amenaza de lluvia, como siempre, y las ferias y las romerías cercanas, y … ¡Cuántos cambios, pero qué poco hemos cambiado!

Y es que esta es,dijo el poeta Pablo Neruda,

La misma luna que hace blanquear los mismos árboles

Aunque luego añadiera

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Y, sin embargo, todos veíamos que algo comenzaba a cambiar en los días de aquella década de los noventa. Impulsado por los años de progreso que Europa nos trajo, este pueblo, como otros de la Montaña Mediterránea, vino a realizar una gigantesca reconversión de actitudes que lo sacó del ensueño y la inmovilidad: un nutrido grupo de jóvenes y otros ya no tanto, animados por las inversiones que llegaban de la Unión Europea, arriesgaron su hacienda y su salud por crear un nuevo foco de riqueza, en forma de empresas e iniciativas artesanales, agroindustriales y turísticas, que tuvieron la virtud ponernos en el mapa. Nada fue ya igual en Benalauría tras la creación de La Molienda, como en Benarrabá tras su hotel, como en Benadalid tras sus alojamientos rurales, como en Genalguacil tras sus artistas. La ciudad se acercó hasta este antes incógnito valle que, desde esos días, vio cómo los caminos, los ríos y los pueblos se llenaban de gentes ávidas de paisaje. Pero esa transformación fue sacudida de manera inmisericorde por una crisis injusta y despiadada que ha dado al traste con aquella esperanza. Todo pareció derrumbarse a nuestro alrededor cuando pensábamos que tal vez teníamos el derecho a vivir en la montaña, y no asistir, como en las décadas precedentes, al abandono de la tierra de los padres. Entonces, nos preguntaremos, ¿cómo sobrevivir en estos días?
Os contaré algo: los pueblos de este valle tienen ya a sus espaldas más de mil trescientos años de existencia. Por ellos han transcurrido guerras terribles, como las moriscas, la de la invasión napoleónica, o la horrenda guerra incivil del 36. Han sufrido despoblaciones, epidemias, sequías, hambrunas, miserias y desgracias de todo tipo y condición, y sin embargo han sobrevivido. Han sobrevivido incluso a la gran crisis de finales de los cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando más de dos tercios de la población tuvieron que emigrar, a partir del fin y ruina de la agricultura tradicional de ladera. Pues a pesar de la que fuera más grave crisis demográfica de toda la montaña mediterránea, han sobrevivido. Y lo han hecho porque, a pesar de tanto éxodo, de tanto abandono, han conservado su memoria.
La memoria de los pueblos ¿quién podría destruirla?
Quien os habla, que ama, estudia y recorre la montaña malagueña hasta la extenuación, os anuncia su admiración cuando contempla paisajes incólumes, bosques frondosos, limpios y honrados huertos, tierras productivas, bancales en sazón, pueblos blanquísimos, y todo eso a pesar de la incuria, de la ignorancia y la indiferencia del poder, de todos los poderes y gobiernos, hacia la montaña.
En una ocasión, asomado a un mirador en Sierra Bermeja, donde el mar de los pinos se mueve en oleadas verdes con la furia del Levante, me preguntó alguien:
“¿Y esos pueblecitos que se ven a lo lejos, ¿qué es lo que producen?” Y yo le contesté: “producen aguas, producen arboledas, producen paisaje, producen oxígeno, producen salud para la insostenible ciudad a la que usted pertenece”.
Y esa conservación, y esa tozudezen preservar, y ese afán por aferrarnos a lo nuestro, porque, insisto, no hemos perdido la memoria. Una memoria que va impresa indeleblemente a nuestro paisaje:

De octubre a septiembre el ciclo
transcurre; nacen y pasan
horas, días, meses, años,
que, interminables, señalan
nubes, nieblas, polvo, estrellas
y soles con que acompañan
al campo los esplendores
de la luz mediterránea.
Sobre este paisaje, el hombre
de la Sierra, su morada
construyó con gran trabajo
y con tozuda constancia.
Dispuso pueblos minúsculos
de cal humilde y honrada,
rojos tejados y piedra
con rejas en las ventanas.
Desbrozó los pegujales,
escalonó las terrazas,
en las orillas molinos
de pan o las almazaras
dispuso, y el aparejo
de las azudas y alfagras.
Transformó el monte en dehesa
(que es costumbre antigua y sabia)
para nutrir su ganado,
cerdo, cabra, oveja o vaca.
Respetó las arboledas
que encontró cuando llegara,
acrecentando con otras
su riqueza y abundancia.
Si hizo uso del monte
fue con esparto y con palma,
las colmenas, las caleras,
y con las podas sobradas
el arduo y negro carbón
para el hogar; las brazadas
de leña, las sabias hierbas
que alivian, curan y calman,
y por fin el alcornoque,
con su piel útil y parda.
Y así, en paz con las rocas,
con los vientos y las calmas,
con el cielo y el rocío,
con las lunas nacaradas,
con las calores, los fríos,
con las criaturas y el agua,
su paraíso en la tierra
construyó, y no ambicionaba
otra riqueza o afán
que vivir en consonancia
con su honorable trabajo
y lo que el campo le daba.

Esa es la memoria-paisaje de la que os estoy hablando, hija de los ciclos astrales y de las viejas costumbres que emanan del campo.
Rebelémonos pues, amigos, ante esta situación de abandono y desesperanza y reivindiquemos nuestro lugar en el mundo. Todo no puede estar sujeto a la productividad, a la rentabilidad fácil, sin sospechar que la verdadera riqueza estriba en la concordancia del hombre con su entorno, como muy bien nos enseñaron los antepasados.

Este domingo escucharemos decir al q’aidIbnXamais:

Y aunque el exilio me impongan
a causa de esta condena,
decid, Señor, a los Reyes,
que con memoria certera
siempre mis ojos verán
los puentes y las veredas,
los castañares sombríos
y las rosadas cenefas
que tejen en los arroyos
las flores de las adelfas;
y las oscuras encinas
y el agua de las albercas, etc…

Ibn Xamais no quiso perder su pasado, y se llevó al exilio las luces, las sombras y los afanes de sus padres. Amigos y amigas: Confianza en el futuro, ira contenida contra el abandono, convicciones y razón sobre nuestros valores, dignidad contra las limosnas, son las premisas para afrontar otros mil años de vida serena, de paz con la tierra y con las aguas, y de preservación de los paisajes, nuestra mayor, formidable y única riqueza. Esa ha sido nuestra herencia, y ese deberá ser nuestro legado.Y cuando al fin nos falten las fuerzas y debamos marchar al exilio definitivo, gritaremos al cielo con el citado Al Xamais:

Y en mis sienes plateadas
se quedarán los sudores
que dieron vida y colores
a estas sierras tan amadas:
la tierra de mis mayores.




José Antonio Castillo Rodríguez.